La nueva presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, inició su mandato con un gesto profundamente religioso al encomendar su Gobierno “a Dios y a la Virgen de los Ángeles”, patrona del país, durante una misa celebrada en la Basílica de los Ángeles en Cartago, el principal templo católico del país, un día después de su investidura.

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El día anterior, en la ceremonia de toma de posesión Fernández, politóloga de 39 años y ferviente católica, ya había hecho referencias a Dios en su discurso de asunción, pidiendo sabiduría y fortaleza para gobernar. Incluyó también la intervención con oraciones de un sacerdote católico y un pastor evangélico. EL pueblo evangélico ha acogido positivamente su nombramiento por su agenda provida y Profamilia, «aunque ahora habrá de verse su posición, ya en la vía de la práctica, en las distintas resoluciones, tanto en el ámbito de la OEA como de la ONU, ya que hasta ahora Costa Rica ha sido omisa -o incluso ha favorecido- la agenda de la ideología de género», expresa Aarón Lara, presidente del Congreso Iberoamericano por la Vida y la Familia.

En su mensaje en la misa Fernández pidió la intercesión de Dios y de la Virgen por el pueblo costarricense y por su gestión presidencial, en un acto donde incluso entregó su banda presidencial como ofrenda mariana, visiblemente emocionada.

La ceremonia fue presidida por el obispo católico Javier Román, quien llamó a la unidad nacional y a trabajar juntos por una sociedad más justa y humana.

En paralelo a este acto religioso, la mandataria confirmó sus primeras líneas de gobierno: una reforma profunda del Estado; políticas de mano dura contra el crimen organizado, inspirada en el modelo salvadoreño de Nayib Bukele; y establecer un Centro de Control y Comando (C5) de seguridad para combatir el crimen organizado; así como proyectos de infraestructura como un tren eléctrico y una “ciudad gobierno”.





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