El pasado viernes, la organización Parlamento y Fe celebró en Montevideo el encuentro «Uruguay Dialoga», una jornada que reunió a legisladores de distintas formaciones políticas, incluido el oficialista Frente Amplio, para reflexionar sobre la aportación de la fe cristiana a la vida pública. La actividad contó con el respaldo del presidente de la Cámara de Representantes, Rodrigo Goñi. También estuvo presente Luciano Bongarrá, fundador y presidente de Parlamento & Fe Internacional.
El encuentro dejó patente la voluntad de un grupo plural de legisladores uruguayos de llevar los valores cristianos al servicio público desde el diálogo y el respeto democrático.
Parlamento y Fe se define como un puente entre el Evangelio y la política, y su misión, según expresa en su web, es «transformar el corazón de los legisladores». En Uruguay la coordina el senador suplente Gerardo Amarilla, quien subrayó que no se trata de un grupo de presión: aunque la mayoría de sus integrantes coinciden en posiciones provida y profamilia, esos debates se abordan en otros ámbitos.
El propósito de Parlamento y Fe, explicó, es «traer los valores cristianos a la actividad política», por lo que participan también personas que no necesariamente comparten posturas sobre leyes concretas.

Luciano Bongarrá, presidente de Parlamento y Fe, presente en más de 70 países, agradeció el honor de intervenir en el Palacio Legislativo uruguayo, símbolo de una democracia sólida y respetuosa de la libertad de conciencia. Desde el inicio dejó claro que la organización celebra y respeta la laicidad del Estado: no pretende crear un partido cristiano ni que el Estado se vuelva religioso, porque la fe bíblica «jamás impone; propone», y una fe obligada por ley deja de ser fe. Recordó que, con el «Dad al César lo que es del César», Jesús liberó a la política del mesianismo y a la fe de la coacción estatal. Al Estado le corresponde garantizar la libertad de todos; a los cristianos, servir al bien común.
Sin embargo, añadió, aunque el Estado sea laico, los legisladores y gobernantes son personas con alma, principios y conciencia moral. Tomó como ejemplo el encuentro nocturno de Nicodemo, un líder político y religioso, con Jesús, y la invitación a «nacer de nuevo». Explicó que no se trataba de abandonar la vida pública, sino de una transformación interior, que para los cristianos se vive al reconocer a Jesucristo como Salvador y Señor. Advirtió de que la laicidad protege al Estado de la religión, pero no debe vaciar al servidor público de valores, porque una política sin dimensión ética corre el riesgo de reducirse a gestión de intereses o lucha por el poder.
Bongarrá subrayó que la espiritualidad bíblica no busca privilegios, sino aportar valores: la justicia como deuda con el vulnerable, la integridad como principio irrenunciable y el adversario visto como un semejante con quien construir la nación. Concluyó invitando a los legisladores a que Uruguay reafirme su vocación de faro de libertad, también de la libertad de creer y servir; a dar lugar a la ética y la trascendencia por encima de la crispación; y a legislar con responsabilidad ante la historia, pidiendo que la sabiduría del Altísimo guíe sus deliberaciones.
La sesión de la mañana, en la Torre de Antel, abordó tres temas: las adicciones, la salud mental y la integridad y honestidad en la función pública. Amarilla destacó que el componente espiritual puede colaborar mucho en la atención a la salud mental, y defendió la necesidad de reconocer el trabajo de las organizaciones de fe, presentes en Uruguay desde el siglo XIX en la salud, la educación, los cuidados y, últimamente, en el acompañamiento a personas con adicciones. «Ahí está el consenso que buscamos», afirmó.

Por la tarde, en el Palacio Legislativo, se celebró una mesa parlamentaria sobre cómo construir acuerdos en una sociedad plural sin renunciar a las propias convicciones. Intervinieron los diputados Álvaro Lima y Silvana Pérez Bonavita, Gerardo Amarilla y, como invitado, el diputado Gerardo Sotelo.
El diputado Álvaro Lima afirmó que Parlamento y Fe tiene ahora «el enorme desafío nacional de poder construir un proyecto misionero», propiciando el encuentro entre parlamentarios y personas de fe para aportar a «la mejor sociedad que queremos construir».
Silvana Pérez Bonavita recibió uno de los aplausos más largos de la tarde al defender el derecho de los creyentes a participar en política desde sus convicciones: «Ocupar este espacio y seguir alzando la voz es justamente lo que más se necesita», sostuvo, animando a no aceptar la censura ni caer en la autocensura.
Gerardo Sotelo planteó una reflexión sobre los límites de la secularización moderna. Reconoció que el ciclo secular ha favorecido las libertades de pensamiento y de investigación, pero señaló que algunos científicos sostienen que el ajuste preciso de las constantes físicas y la inteligibilidad del universo apuntan a una inteligencia creadora. Se preguntó si el sistema educativo y el debate público están dispuestos a examinar esa hipótesis con el mismo rigor que las demás, y concluyó que quizá la prueba más exigente de la laicidad sea atreverse a revisar también las convicciones con las que se ha aprendido a negar lo sagrado.
Gerardo Amarilla, por su parte, recordó que el Parlamento es «la casa de la democracia», donde conviven visiones muy distintas, y lamentó la intolerancia que surge cuando se habla de convicciones religiosas: si un legislador puede inspirarse en Marx o en Adam Smith, dijo, otros también pueden hacerlo en la Biblia, «mi texto de referencia».
Cerró la mesa Rodrigo Goñi, quien advirtió de que la libertad de conciencia, que se creía a salvo, afronta hoy nuevos desafíos, y defendió la importancia de dar espacio en el Parlamento a derechos humanos fundamentales que, «con mucha miopía, esperemos que sin intención», se han visto limitados. «La Constitución es muy clara en la libertad religiosa», recordó.
La jornada concluyó con la presentación del libro El lugar de lo sagrado, de Manfred Svensson.
Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL – LATINOAMÉRICA
– Uruguay | Parlamento y Fe reúne legisladores de distintos partidos en diálogo sobre fe, convicciones y vida pública


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