Chile ha elegido este domingo a su futuro presidente: José Antonio Kast, abogado de 59 años, líder del derechista Partido Republicano, que ha obtenido un 58,3% de los votos, con el 95% escrutado. Su contrincante en esta segunda vuelta, la comunista Jeannette Jara, abogada de 51 años, candidata de la izquierda, ha alcanzado un 41,7%, el peor resultado que haya tenido el progresismo desde el retorno a la democracia en 1990.
El presidente electo chileno ha ganado de la mano de los otros dos sectores importantes de la derecha -la histórica y la ultra del Partido Libertario-, y lo ha hecho holgadamente, como preveían las encuestas, con 17 puntos de distancia frente a Jara. Ha prometido orden y seguridad ante las principales preocupaciones de los chilenos, la delincuencia y la migración irregular.
El triunfo de Kast no solo afianza el giro conservador del país, también de gran parte de América del Sur
No tendrá mayorías en el Congreso, aunque su partido creció considerablemente en la Cámara de Diputados, mientras la izquierda ejercerá sobre todo la oposición desde el Senado, donde todavía tiene fuerza.
Es un Congreso con un importante nivel de fragmentación, aunque por primera vez desde el regreso de la democracia tendrá una mayoría de derecha. Esa situación obligará a Kast a negociar,
Llega al poder por cuatro años, hasta marzo de 2030, y llevará adelante un Gobierno de emergencia para atajar las que considera son las tres crisis que enfrenta Chile: delincuencia, migración irregular y bajo crecimiento económico. Además es conservador radical en materia de libertades individuales, siendo provida y profamilia.
Chile es una sociedad preocupada por el aumento de los homicidios -la tasa ha subido al doble en los últimos 10 años y es el sexto país del mundo con más miedo. Según el reporte global de seguridad 2025 de Gallup. La ciudadanía tiene más temor que en todos los países latinoamericanos (salvo Ecuador).
A diferencia de la izquierda, que ha asumido con tardanza el desafío de atajar la delincuencia y el crimen organizado que golpea especialmente a los más pobres -no era una prioridad para el Gobierno de Boric cuando arrancó-, ha centrado su discurso en medidas radicales, como una mega cárcel en el desierto de Atacama. La ciudadanía, que se resiste a normalizar la inseguridad pública, porque no era parte de su vida en el pasado, ha respaldado mayoritariamente a Kast,
El otro gran tema en juego es la economía, vinculada al costo de vida y al empleo. La desocupación se ubica hoy en un promedio de 8,4%. Reactivar el crecimiento –que quedó estancado en un 2% anual desde el estallido social de 2019 y la pandemia de Covid, por debajo del promedio de los años anteriores-, los proyectos de inversión, garantizar salarios justos, son otros de los temas en la agenda que el nuevo gobierno debería comenzar a resolver para ganarse la confianza de la sociedad. Para ello promete apretar el estado, recortar 6500 millones de dólares de gasto fiscal -aunque no ha explicado cómo-.
En el plano social, debe resolver también la grave crisis de salud, con ciudadanos que esperan meses o hasta años en listas de espera para ser atendidos en hospitales o que no pueden pagar sus medicamentos.
Y en paralelo anuncia fuertes medidas contra los cerca de 330.000 migrantes irregulares que viven actualmente en Chile, mayoritariamente venezolanos.


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