Los profesionales de la psicología de fe evangélica en España quieren protegerse ante lo que describen como una “instrumentalización” y mal uso de su trabajo en un contexto de “número creciente de casos” de “conductas sexuales impropias en contextos eclesiales”.

En un documento compartido con Protestante Digital y que ya es público, el Grupo de Psicología Evangélico (GPE), que agrupa a 90 profesionales, enfatiza que “la terapia no debe utilizarse para evitar consecuencias, preservar reputaciones institucionales o acelerar procesos de restauración ministerial”.

Las 22 páginas del documento incluyen anexos con indicaciones prácticas y modelos de acuerdo entre iglesias y terapeutas. En el texto, se apunta a que, en ocasiones, el fracaso moral en el ámbito sexual de un líder cristiano puede ser disfrazado bajo una apariencia estrictamente terapéutica.

“El aumento de casos de este tipo que están llegando a consulta ha despertado muchas inquietudes, para lo cual queremos estar preparados”, ha explicado a Protestante Digital Joel Tiscar, psicólogo sanitario clínico que sirve como secretario del GPE. Tiscar también forma parte del equipo de liderazgo de una iglesia evangélica en Barcelona.

El documento es público y puede descargarse aquí.

 

El documento, titulado “Propuesta de marco de actuación para profesionales cristianos de la psicología en casos de conductas sexuales impropias en contextos eclesiales”, se aprobó en la última asamblea general de la entidad, en febrero de 2026.

Los miembros del Grupo de Psicología Evangélico lo “valoraron como un recurso que aporta claridad, contempla el apoyo a todas las partes implicadas y permite desarrollar el ejercicio de la profesión dentro de unos parámetros de seguridad y confianza”, explica Tiscar.

En este momento, consideran necesario “poner en valor el trabajo que cada profesional desarrolla” y “ofrecerle apoyo para que no se le engañe ni se instrumentalice su trabajo”.

Dada la “carga emocional y ética” del trabajo, se recomienda a los psicólogos un esfuerzo especial de autociudado, con “supervisión clínica periódica, posibilidad de derivación interna” y un límite en el número de pacientes por profesional.

España | Psicólogos evangélicos buscan frenar que se ‘instrumentalice’ su labor en casos de ‘conducta sexual impropia’

 Fragmento del documento publicado por el Grupo de Psicología Evangélico en 2026.

 

 

El GPE anima ahora a los psicólogos cristianos a evaluar en qué casos un paciente demanda un servicio psicológico para “responder a una necesidad institucional de ‘resolver el problema sin escándalos’”.

Alerta contra las situaciones en las que se da “una negación o manipulación persistente”, especialmente si “la persona continúa ejerciendo funciones de liderazgo mientras solicita tratamiento”.

El documento propone que “ante cualquier posible instrumentalización del proceso psicológico, antes o durante el proceso, el psicólogo podrá no aceptar o interrumpir la intervención”, especialmente si se da “ocultación deliberada de información relevante, uso manipulativo del proceso o falta de condiciones mínimas para el trabajo terapéutico”.

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En España, muchas iglesias evangélicas se dirigen a profesionales de la psicología para abordar situaciones personales por las que pasan algunos de sus miembros. El GPE asume esta responsabilidad como un “servicio desde nuestra profesión”, explica Joel Tiscar, pero “animamos a las iglesias a actuar con sabiduría y prudencia”, añade.

El trabajo de un psicólogo externo a al congregación nunca debería sustituir “la responsabilidad moral, la rendición de cuentas espiritual ni los procesos disciplinarios de la iglesia, además de las correspondientes responsabilidades legales, si procedieran”, dice el documento publicado.

Si el solicitante de terapia ocupa un posición de liderazgo y existan “posibles dinámicas de abuso de poder o explotación relacional”, el psicólogo no debería hacer terapia a solas con el paciente, sino ofrecer una “intervención psico-consultiva” dentro un proceso pastoral multidisciplinar más amplio.

Esto evitaría un uso indebido del acuerdo de secreto profesional. Un psicólogo puede verse envuelto en una situación en la que no puede desmentir afirmaciones hechas en público por el paciente sobre supuestas “indicaciones o recomendaciones profesionales” que acabarían facilitando “el encubrimiento, manipulación o continuidad de conductas dañinas”, aún contra la voluntad del profesional.

 

Finalmente, el GPE recomienda, en casos de conducta sexual impropia en contextos eclesiales, una “prudencia extrema” a la hora de “emitir informes para procesos de restauración ministerial, confundir responsabilidad moral con patología psicológica”.

También pide cautela al “utilizar categorías diagnósticas como ‘adicción al sexo’, ‘ansiedad’, ‘depresión’ o ‘narcisismo’”, sin que se haya dado una “evaluación clínica rigurosa”.

Consulte aquí el documento completo del Grupo de Psicología Evangélico: “Propuesta de marco de actuación para profesionales cristianos de la psicología en casos de conductas sexuales impropias en contextos eclesiales”.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITALMUNDO
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