Las iglesias evangélicas en Cuba atraviesan uno de los momentos más tensos de su historia reciente, atrapadas entre el control político del régimen, las presiones directas a pastores y líderes, y una creciente división interna en su respuesta al régimen, que condiciona su capacidad de acción pública. Testimonios de exseminaristas, pastores y analistas revelan un panorama donde la fe se vive bajo vigilancia, y donde cada gesto de independencia puede convertirse en un riesgo.
El Seminario Evangélico de Teología de Matanzas (SET), fundado en 1946 para formar pastores en Cuba, Centroamérica y el Caribe, es hoy uno de los símbolos de esta tensión. Aunque celebra su 80 aniversario en paralelo al 85 del oficialista Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), voces críticas denuncian que la institución ha sido absorbida por la lógica del Partido Comunista. Víctor Manuel Dueñas, exseminarista y activista de derechos humanos, afirma que el SET es “prácticamente una escuela del PCC”, donde incluso se impartían clases de marxismo y se promovía una visión política alineada con el Gobierno.
El periodista Yoe Suárez, autor del libro Hoz y cruz, sostiene que el régimen “tomó y asaltó el SET, convirtiéndolo en un brazo útil para su retórica”. Aunque matiza que no todos sus estudiantes o profesores son oficialistas, sí considera que el espíritu institucional está orientado a “hacerle la manicura política al régimen mediante la teología”.
La creación de la Alianza Evangélica de Cuba en 2019, surgida como alternativa al oficialismo del CIC, generó inicialmente expectativas de renovación. Sin embargo, analistas consideran que funcionó más como una “escaramuza moral” que como un contrapeso real. El régimen reaccionó presionando directamente a las denominaciones registradas, no para exigir consignas políticas, sino para que controlaran a sus propios pastores. Algunos líderes han sido expulsados de sus iglesias por acciones tan simples como dar “likes” a publicaciones críticas en redes sociales.
Entre las denominaciones más cercanas al Gobierno, Dueñas señala a la Iglesia Presbiteriana, con vínculos estrechos con congregaciones estadounidenses, y a figuras como el reverendo Joel Ortega Dopico, presidente del CIC y diputado a la Asamblea Nacional. También menciona afinidades en la Iglesia Bautista Libre, los cuáqueros de Holguín y la Iglesia Anglicana, mientras que otras denominaciones —como las convenciones bautistas, la Iglesia Metodista, Los Pinos Nuevos y las Asambleas de Dios— se han distanciado del oficialismo.
La pastora Vivian Barrero Toledo, desde Las Tunas, explica que muchas iglesias que aparentan apoyo al régimen lo hacen por miedo a perder permisos de salida del país o la entrada de ayudas internacionales.
En diciembre de 2025, Caridad Diego Bello, jefa de la Oficina de Asuntos Religiosos del PCC, recorrió el país para reunirse con líderes cristianos. Según diversas fuentes, exigió “neutralidad” y prohibió a pastores y feligreses involucrarse en política o solidarizarse con víctimas de represión estatal. Las amenazas incluyeron impedir salidas del país o retirar visas religiosas a misioneros extranjeros.
La reacción de las iglesias fue desigual. Denominaciones como la metodista, las convenciones bautistas y la Cristiana Pentecostal accedieron a las exigencias, e incluso la Convención Bautista Occidental emitió una declaración pública pidiendo no involucrarse en política, lo que implicó dar la espalda a miembros perseguidos.
Desde la organización CSW (Solidaridad Cristiana Mundial), Anna Lee Stangl advierte que no puede hablarse de un bloque evangélico homogéneo: solo una minoría vinculada al CIC “apoya” al Gobierno, y aun dentro de ese grupo hay voces críticas silenciadas.
El Observatorio Cubano de Derechos Humanos registró 873 violaciones a la libertad religiosa en 2025, incluyendo acciones represivas contra iglesias independientes, líderes religiosos, laicos y familiares de presos políticos.
La pastora Barrero denuncia casos de colegas “secuestrados” y perseguidos, sin que las instituciones mayoritarias hayan alzado la voz. Afirma que “cada vez que un pastor en Cuba se levanta y predica la verdad, se convierte inmediatamente en un disidente” y recuerda que desde 1959 no se permite construir templos, mientras que las iglesias surgidas después son consideradas ilegales.
El pastor exiliado Enrique de Jesús Fundora resume la situación: las iglesias no tienen derecho a asociarse ni personalidad jurídica, lo que convierte cualquier actividad religiosa independiente en técnicamente ilegal y deja a los líderes cristianos expuestos a ser tratados como delincuentes.




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