En el epicentro de la tragedia que sacudió al estado venezolano de La Guaira, una historia de supervivencia ha emergido con una fuerza estremecedora, casi tanta como el doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 que destruyó barrios enteros. Las cifras oficiales rondan ya los 1.000 muertos y 3.000 heridos en este estado costero de 450.000 habitantes.

En una iglesia evangélica, donde se celebraba un culto en pleno mediodía, todos los feligreses lograron salvarse pese a que el templo quedó reducido a ruinas. La secuencia de hechos, marcada por el caos y la fe, ha sido descrita por los sobrevivientes como un auténtico milagro. Así lo titula incluso el diario El País, conocido por ser un medio laicista y de línea anticristiana.

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El pastor estaba concluyendo el culto cuando el local comenzó a temblar. La iglesia, que estaba aún en construcción y sin las paredes levantadas, se convirtió en un espacio abierto donde los asistentes pudieron ver cómo a su alrededor las torres de 12 pisos se desmoronaban “como mantequilla”.

Georgina Mejía, una de las feligresas, recuerda el instante en que “la tierra se los tragó de repente”, mientras ella y otras tres mujeres quedaban paralizadas sin moverse, mientras todos corrían para salir de debajo del techo. No podían moverse pensando que sus familias vivían en esos edificios que acababan de ver colapsados.

Dentro del templo, el techo comenzaba a hundirse. Fue entonces cuando el pastor Israel Tauicen, que había salido corriendo con los primeros temblores, regresó junto a otro miembro de la congregación para rescatar a las mujeres in extremis, segundos antes de que la estructura cediera por completo. “No te daba chance de hacer nada porque el piso se movía. Pero Dios es bueno”, relata Mejía desde el parque de Caraballeda, convertido ahora en refugio improvisado para los damnificados.

En medio de la devastación, la congregación que había sobrevivido milagrosamente al terremoto no tuvo otra reacción que dar gracias a Dios, y tomándose todos de las manos junto a los escombros del templo comenzaron a orar entre polvo, humo y edificios incendiándose.

La escena en Caraballeda es desoladora, pero queda para la historia el hecho milagroso: “Dios quiso que nos salváramos”, repite Mejía, convencido de la idea de que, entre tanta destrucción, la vida y la mano de Dios se abrieron paso de manera inexplicable.

 

Incluso uno de los miembros de la iglesia que no pudo acudir al culto se salvó con un testimonio impactante. Luis Pueyo, conductor de camiones de 52 años, estaba en la ducha cuando las paredes de su apartamento (cercano a la iglesia) se cerraron formando un triángulo. Sin tiempo para pensar, saltó desnudo por la ventana del segundo piso de una torre de 12 plantas: “Me tiré sin pensarlo porque lo que tenía encima eran 12 pisos”. Con la rodilla destrozada, avanzó entre el polvo hasta la iglesia, donde el pastor le hizo un torniquete con su propia camisa para detener la hemorragia.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITALLATINOAMÉRICA
– Venezuela | Congregación evangélica entera sobrevive mientras alrededor torres de 12 pisos se desmoronaban ‘como mantequilla’



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