El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunció la designación de Viviane Morales como nueva ministra de Educación, una decisión que marca un giro hacia una visión más tradicional y y de valores cristianos del sistema educativo colombiano.
El presidente electo ha enmarcado su nombramiento dentro de una “reconstrucción moral de la patria” y un retorno a valores tradicionales en las aulas. El anuncio se realizó mediante un video en redes sociales, donde el mandatario destacó la “fe cristiana y el irrevocable sentido del servicio” de Morales, así como su experiencia docente de más de 15 años.
Morales, bogotana de 63 años, cuenta con una extensa trayectoria en la vida pública. Fue la primera mujer fiscal general de Colombia y ha ocupado cargos como representante a la Cámara y senadora en dos periodos legislativos.
La fe cristiana ha sido un eje constante en la vida de Morales, tanto en su trayectoria política como en su servicio público. Ha sido miembro activo en la iglesia evangélica Casa Sobre la Roca, donde ha desarrollado labores comunitarias y de liderazgo espiritual.
Durante su labor diplomática como embajadora de Colombia en Francia, Morales afirmó que servir al país era “un privilegio y un honor”, destacando su vocación de servicio y su compromiso con causas humanitarias, como la atención a la crisis migratoria venezolana.
Morales ha defendido históricamente la importancia de que la educación respete los principios y valores de las familias, insistiendo en la libertad de los padres para participar en la formación ética de sus hijos.
Su enfoque se fundamenta en una visión de la educación como espacio de dignidad, respeto y formación integral, donde la calidad académica se acompaña de principios éticos y responsabilidad social.
Más allá de las controversias que se han generado en parte de la oposición y los sectores «progresistas», Morales llega al Ministerio de Educación con una trayectoria que combina:
– Experiencia legislativa y jurídica, incluida su labor como fiscal general.
– Trabajo diplomático, con énfasis en cooperación internacional y programas educativos.
– Servicio comunitario desde la fe, con participación activa en la iglesia evangélica.
– Defensa de valores éticos, que han guiado su actuación pública.


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