Se ha modificado completamente el panorama religioso mexicano. En varios municipios, las iglesias evangélicas ya son mayoría y continúan expandiéndose en otros, configurando una recomposición espiritual que impacta la vida comunitaria, la organización social y la participación política.
En los últimos diez años, las iglesias cristianas evangélicas han consolidado una tendencia expansiva que avanza, en contraste con la Iglesia Católica, institución que no solo pierde fieles, sino que enfrenta una disminución en vocaciones y en el número de establecimientos religiosos.
En varias regiones del país, especialmente en los Altos de Chiapas, las iglesias evangélicas han dejado de ser minoría para convertirse en mayoría local, según coinciden análisis académicos y datos oficiales.
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Inegi, en municipios de los Altos de Chiapas la población evangélica representa entre el 30 % y más del 40 % de los habitantes, y en algunos casos supera ya a la población católica.
Medios como teleSUR y Diario del Yaqui informan que este crecimiento se observa también en estados como Tabasco, Veracruz, Oaxaca y Baja California, donde las congregaciones evangélicas han incrementado su presencia comunitaria y su actividad social, consolidándose como actores locales relevantes.
Este fenómeno, que se ha intensificado desde los años 70 y 80, es descrito por especialistas como un proceso de movilidad religiosa, más que de abandono del catolicismo.
El investigador Carlos Martínez García, cofundador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano (Cenpromex), explica que muchos mexicanos se identificaban como católicos “solo de forma nominal”, y al cambiar de confesión asumen un compromiso más activo con sus nuevas comunidades.
La expansión evangélica responde a una combinación de varios elementos, según diversos analistas. El primero las crisis personales y búsqueda de acompañamiento espiritual, que llevan a muchas personas a integrarse en congregaciones con dinámicas más cercanas y participativas.
Un segundo factor es la “profesionalización” del contenido religioso en redes sociales, donde iglesias evangélicas producen materiales “cada vez más intensos y creativos” y con altos niveles de profesionalización, lo que amplifica su alcance nacional.
Un tercero sería la búsqueda de nuevas formas de vivir la fe cristiana, que privilegian una relación personal con Dios por encima de la adscripción institucional. Esto explica que el aumento de personas registradas como “sin religión” no implique necesariamente un crecimiento del ateísmo, sino una redefinición de la identidad religiosa.
El avance demográfico de estas iglesias también ha generado efectos en la esfera política. El mencionado Martínez García señala que un sector del evangelicalismo busca mayor presencia electoral, aunque no existe un voto evangélico homogéneo. Subraya que partidos como PAZ, heredero del extinto PES, “no son representativos del cristianismo evangélico mexicano”.
Asimismo, recuerda que organizaciones religiosas como La Luz del Mundo (que no es evangélica) han establecido alianzas con distintos partidos, incluido Morena, lo que refleja estrategias políticas cambiantes más que una lealtad uniforme del electorado no católico.



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