La toma de posesión de Abelardo de la Espriella, celebrada en la Arena USC de Cali -y no en el Capitolio de Bogotá, como dicta la tradición- se convirtió en un evento sin precedentes en la historia política colombiana. El traslado de la ceremonia fue una decisión personal del nuevo mandatario, avalada por el Congreso, y ejecutada bajo un fuerte dispositivo de seguridad debido a la presencia de grupos armados en la región.

Entre los invitados destacaron el rey Felipe VI de España y ocho presidentes latinoamericanos, entre ellos Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), José Antonio Kast (Chile) y Santiago Peña (Paraguay). También asistieron los expresidentes colombianos Álvaro Uribe e Iván Duque, además de delegaciones de Estados Unidos, Israel, Panamá, Curazao, Costa Rica, Honduras y Suecia.

De la Espriella: investidura marcada por discurso de fe y proyecto político de firmeza

El acto estuvo cargado de símbolos de campaña: De la Espriella recorrió durante veinte minutos el recinto saludando con la señal militar, acompañado de su esposa e hijos, antes de recibir la banda presidencial y gritar “Firmes por la patria” ante más de 2.000 asistentes.

Uno de los momentos más comentados fue la aparición de Luis Felipe Yagüé, vendedor de panela de 74 años, convertido en figura viral durante la transición. El presidente lo abrazó en tarima y pidió un aplauso para él, en un gesto que buscó reforzar su narrativa de cercanía con “el pueblo”.

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De la Espriella: investidura marcada por discurso de fe y proyecto político de firmeza

La ceremonia estuvo marcada por una presencia religiosa inédita en una investidura presidencial colombiana. En su primer discurso, pronunciado desde el Batallón Pichincha —y no ante el Congreso— De la Espriella dio gracias a Jesucristo, afirmó que “el que está de rodillas delante de Dios jamás será vencido” y cerró con la frase “Firmes por la Patria, que viva Cristo Rey”. Además, afirmó que su gobierno librará “la batalla cultural para recuperar el valor de la familia, el mérito, la disciplina, el respeto por la ley, el amor por la patria y la creencia en Dios”.

El programa incluyó un apartado formal de “invocación y alabanza”, con intervenciones de líderes del judaísmo, el catolicismo y el cristianismo evangélico, sin representantes de comunidades indígenas o afrodescendientes.

El rabino David Michaan leyó pasajes del Antiguo Testamento y pidió para el presidente “sabiduría, fortaleza y humildad”, concluyendo con un “Viva Colombia y viva Israel” que subrayó el eje israelí de la futura política exterior del nuevo gobierno. El pastor evangélico Eduardo Cañas Estrada centró su intervención en pedir protección para las Fuerzas Militares y distintos sectores de la población, reforzando la narrativa de seguridad que atraviesa el discurso del presidente. Finalmente el monseñor católico Francisco Múnera solicitó unidad nacional y el cese de los atentados terroristas, en línea con el énfasis del nuevo gobierno en recuperar el orden público.

En armonía con la defensa profamilia de los cristianos, declaró que «La educación no puede ser un instrumento de adoctrinamiento ideológico«. “Las aulas pertenecen al conocimiento, la ciencia, nunca a la propaganda política”, dice sobre el sector educativo. 

Además, la ceremonia incluyó elementos visuales religiosos, como la proyección de una imagen de la Virgen María mientras la cantante Maia interpretaba Hallelujah de Leonard Cohen.

De la Espriella: investidura marcada por discurso de fe y proyecto político de firmeza

El discurso de De la Espriella delineó un proyecto político de corte conservador y de mano dura, centrado en seguridad, batalla cultural y reformas institucionales.

El presidente anunció el fin de los diálogos de paz del gobierno anterior, la elaboración de una lista de grupos “narcoterroristas”, el regreso de fumigaciones en zonas de coca (“la coca dará paso al coco”) y una política de seguridad inspirada en el expresidente Álvaro Uribe Vélez. También prometió combatir “sin tregua” al narcoterrorismo y recuperar la autoridad del Estado.

Prometió una “regeneración económica” basada en iniciativa privada, inversión y empleo digno.  Para ello anunció un decreto de congelamiento del gasto público y la recuperación de Ecopetrol mediante la explotación de nuevas reservas de petróleo y gas; así como una lucha contra la corrupción.

Confirmó que Colombia se unirá al Escudo de las Américas, la alianza impulsada por Donald Trump, desde el primer día de gobierno, reafirmando su alineamiento con Estados Unidos y con gobiernos de derecha del continente.

Criticó la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), y prometió revisar su funcionamiento y aseguró que no promoverá ninguna constituyente, afirmando que cuatro años son suficientes para cumplir su programa.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITALLATINOAMÉRICA
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