La afiliación evangélica en Venezuela ha alcanzado una dimensión inédita y confirma una transformación profunda del mapa religioso nacional. Según la encuesta de DatosUN realizada en abril de 2026, el 28,8% de los venezolanos se identifica como cristiano no católico –categoría que agrupa iglesias evangélicas, pentecostales y otras corrientes de origen protestante-, una cifra que consolida a este sector como la segunda fuerza religiosa del país, muy por encima de cualquier otra tradición minoritaria. La tercera religión en el país es la santería con 2,7% y 4,7% de la gente es atea o agnóstica.
Para ser rigurosos, no obstante, dentro de este grupo de “cristianos no católicos” existen corrientes religiosas que no pueden ser aceptadas como evangélicas o protestantes (léase Testigos de Jehová y otros), por lo que a efectos de ser realistas podemos considerar que un mínimo del 25% de venezolanos es de fe evangélica o protestante (*).
DatosUN llevó a cabo en abril de 2026 este estudio de cobertura nacional sobre afiliación religiosa en Venezuela, con una muestra representativa de 2.028 respuestas distribuidas en los 23 estados del país y el distrito capital.
A diferencia del catolicismo, cuya identidad suele heredarse desde la infancia, el cristianismo no católico en Venezuela se caracteriza por trayectorias de conversión. Solo el 25,1% de los evangélicos declara haber pertenecido a esta fe “toda la vida”, mientras que el 31,8% afirma llevar más de 20 años en ella, y otro 33% se distribuye entre períodos de 1 a 15 años.
Este patrón confirma que el crecimiento evangélico se alimenta de movilidad religiosa, especialmente desde el catolicismo: el 79,8% de los creyentes que cambiaron de religión proviene de la Iglesia Católica.
El crecimiento evangélico venezolano se inscribe en una tendencia continental. En países como Brasil, Guatemala, Honduras y República Dominicana, las iglesias evangélicas ya superan el 30% de la población y han adquirido influencia social y política significativa.
En el caso venezolano, estudios previos del Centro de Investigaciones Populares y de organizaciones evangélicas nacionales han señalado que el pentecostalismo —la corriente más dinámica dentro del movimiento— ha crecido especialmente en zonas populares urbanas y en regiones fronterizas, donde las iglesias funcionan como redes de apoyo comunitario, asistencia social y espacios de contención emocional en contextos de crisis.
Los datos muestran que los evangélicos no solo crecen en número, sino también en participación. El 53,5% asiste a la iglesia “muy frecuentemente”, superando ligeramente a los católicos (51,8%). Y el 78,1% participa en actividades comunitarias de su congregación, once puntos por encima del catolicismo (67,9%).
Este mayor compromiso comunitario coincide con dinámicas observadas en otros países latinoamericanos, donde las iglesias evangélicas suelen operar con estructuras locales más pequeñas, redes de apoyo directo y una fuerte presencia en actividades sociales.
El auge evangélico es especialmente visible entre adultos jóvenes. En el grupo de 30 a 39 años, el 36,7% se identifica como cristiano no católico, la proporción más alta entre todos los segmentos etarios. En contraste, entre los mayores de 60 años la cifra cae a 24,6%.
Este comportamiento sugiere que el crecimiento evangélico podría continuar en los próximos años, impulsado por generaciones con menor adscripción al catolicismo y mayor apertura a nuevas formas de religiosidad.
El cristianismo no católico presenta una distribución territorial muy marcada. Apure es el estado con mayor presencia evangélica: 45,7%. Le siguen Bolívar (43,5%), Monagas (40%) y Delta Amacuro (40%).
En contraste, los estados más católicos —Táchira, Mérida, Carabobo— registran las tasas más bajas de cristianismo no católico, con Táchira en apenas 15,1%.
(*) Un cálculo que consideramos más ajustado a la realidad, de esta redacción


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