En las últimas semanas se ha intensificado en redes sociales y YouTube una corriente de opinión que atribuye el crecimiento evangélico en Latinoamérica a una estrategia diseñada y financiada por la CIA durante la Guerra Fría, y que extiende esa sospecha a las iglesias evangélicas en España.
Uno de sus principales altavoces es el politólogo Santiago Armesilla, que a comienzos de este mes llegó a reclamar en X la expulsión de los evangélicos de España. El pasado viernes estrenó en su canal un vídeo titulado «La CIA y el Cristianismo Evangélico. Así convirtieron a los pueblos indígenas de Iberoamérica».
Los documentos desclasificados confirman el interés de Washington por la religión en América Latina durante la Guerra Fría, pero no respaldan el relato de una fe evangélica fabricada por la CIA en Hispanoamérica, y mucho menos sirven de argumento para cuestionar el lugar de los evangélicos en la sociedad española.
Armesilla es secretario general de la Asociación Cultural Vanguardia Española y tiene su propio canal de YouTube con más de 250.000 suscriptores. Su hostilidad hacia el protestantismo no es nueva. En marzo publicó un artículo en el que afirmaba que los Pactos de Abraham están unificando a judíos sionistas, evangélicos y salafistas, a los que atribuía desprecio por el cuerpo y por la mujer, y falta de jerarquía y tradición, y reclamaba frente a ellos una alianza de católicos, ortodoxos y chiíes.
Las Iglesias Evangélicas deben ser expulsadas de España. Los evangélicos deben ser expulsados de España. Son caballo de Troya del anglosionismo.
— Santiago Armesilla (@armesillaconde) October 5, 2026
Incluso llegó a postear que “Las Iglesias Evangélicas deben ser expulsadas de España. Los evangélicos deben ser expulsados de España. Son caballo de Troya del anglosionismo”.
El argumento circula también en otros medios. Un portal español sostenía hace un año que el crecimiento evangélico en España es fruto de la inmigración hispanoamericana y que la CIA fue decisiva para difundir y financiar el evangelismo en el continente.
Y hace apenas cuatro días un medio cubano afirmaba que la CIA financió misiones, entrenó pastores, impulsó medios de comunicación y creó redes de iglesias por todo el continente, sin aportar documentación concreta.
La pieza central de esta teoría es el informe que Nelson Rockefeller entregó a Nixon en 1969, del que se repite que recomendaba sustituir a los católicos por «otro tipo de cristianos». Sin embargo, el antropólogo David Stoll, autor de la obra de referencia sobre el tema, ¿América Latina se vuelve protestante?, señala que el informe se limitaba a advertir de que la Iglesia católica era vulnerable a la penetración subversiva y que no llamaba a una campaña evangélica para socavar a la Iglesia Católica, como se alega frecuentemente. Lo que sí reflejaba es que Washington estaba perdiendo confianza en el catolicismo como baluarte frente al comunismo.
Algo parecido ocurre con los llamados Documentos de Santa Fe (1980), citados con frecuencia como «documentos de la CIA». No fueron redactados por la agencia, sino por asesores conservadores vinculados al Council for Inter-American Security, un centro de pensamiento privado.
Los documentos de la CIA que sí existen y pueden consultarse en su sala de lectura digital tratan sobre todo de la Iglesia católica. En julio de 1969, el Consejo de Seguridad Nacional encargó a la agencia un análisis país por país de la Iglesia en Latinoamérica, que incluyera el papel de clérigos extranjeros y de grupos y misioneros no católicos.
El resultado fue un estudio cuyo hallazgo principal, según el resumen que Kissinger hizo llegar al presidente, era que la Iglesia católica latinoamericana había pasado de defender el orden establecido a impulsar el cambio social. Son documentos de análisis, no órdenes de financiar iglesias.
La relación de la CIA con personal religioso existió, y fue investigada por el Senado estadounidense. En 1976 el Comité Church informó de que la CIA había reconocido 14 acuerdos encubiertos que implicaron el uso operativo directo de 21 clérigos o misioneros, cifra referida a todo el mundo y a todas las confesiones, y en seis o siete casos pagó salarios o gastos, o ayudó a financiar proyectos.
Las protestas de las propias iglesias llevaron a que en 1977 se adoptaran normas que prohibían a la CIA cualquier relación de inteligencia con clérigos o misioneros estadounidenses. La Asociación Nacional de Evangélicos de EE. UU. ha exigido después que sus agencias misioneras eviten toda relación con los servicios de inteligencia.
Casos puntuales de colaboración o de uso político de la religión no equivalen a una operación capaz de explicar la conversión de decenas de millones de personas.
Stoll recuerda que muchos grupos evangélicos llevaban décadas trabajando sin mucho éxito antes del gran crecimiento, y que la Iglesia católica también recibió subsidios sustanciales del exterior, de diócesis norteamericanas y europeas y de entidades como Cáritas, Adveniat o Misereor.
Los propios obispos latinoamericanos acordaron en 1983 imitar los medios evangélicos, estimular la lectura de la Biblia y abrir más espacios a la participación laica, reconociendo causas pastorales internas. Otros trabajos coordinados por Stoll y Virginia Garrard-Burnett, que estudian el fenómeno país por país, se alejan contundentemente de la teoría de la conspiración.
En una entrevista al historiador César Vidal, dice que estas elucubraciones son una “absoluta mentira”. Explica que en Hispanoamérica los primeros protestantes aparecen en el siglo XVI en Venezuela, que procedían de Alemania. Sufrieron la persecución de la Inquisición, y la presencia evangélica tuvo un nuevo empuje con la emancipación de las entonces colonias españolas, que permitió la llegada de comerciantes, colportores y misioneros evangélicos. Todo ello siglos antes de la existencia de la CIA (creada en 1947).
En España, la presencia de la fe evangélica o protestante está presente de una forma u otra (a veces testimonial pero nunca ausente) desde el inicio de la Reforma protestante en el siglo XVI; pese a la persecución primero, e intolerancia después. Y actualmente “bajo el doble ataque de las ideologías ateístas y antirreligiosas por un lado, y ultracatólicos y conspiranoicos por otro” se expresa en la mencionada entrevista.
Y en tiempos recientes, según el Observatorio del Pluralismo Religioso, los lugares de culto evangélicos pasaron de 2.944 en 2011 a 4.763 en septiembre de 2025, en buena medida por la inmigración latinoamericana, sin ninguna relación con la CIA. Además, se suma el impacto entre el pueblo gitano desde los años 60, ya que la Iglesia Filadelfia es la más numerosa, con unos 1.000 lugares de culto.
Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL – LATINOAMÉRICA
– Resurge la teoría conspiranoica de la CIA y el crecimiento evangélico en Iberoamérica



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