Encontrar a víctimas de abuso en contextos evangélicos pasa por entender algunos de las características específicas de estas comunidades de fe.

En este análisis se centra Lina Fernanda Montoya Alzate, una psicóloga experta en trauma que trabaja como docente universitaria de Colombia y que viajó expresamente a Madrid (España) en enero para participar de la semana de formación organizada por Mesa Salmo 15 junto a la organización estadounidense GRACE.

 

Montoya analizó los casos de estudio de varias mujeres a las que ha acompañado en los últimos años, para poner sobre la mesa el “uso indebido de símbolos, narrativas y prácticas religiosas” en las iglesias donde se han identificado abusos espirituales y sexuales.

La clave del abuso es la “condición desigual, coercitiva y usando la narrativa religiosa” de quienes “anulan la voluntad de la persona”, explicó la investigadora y terapeuta.

El abuso sexual casi siempre se construye sobre un abuso espiritual previo, dijo Montoya, y aprovecha relaciones asimétricas de poder, basadas en “la confianza implícita que quienes asisten a una iglesia ponen en esas comunidades de fe”.

Montoya dio ejemplos de cómo usan textos bíblicos fuera de contexto (como 2a Reyes 4:32-37) o se apela a “pactos con Dios” que no pueden romperse, exigiendo lealtad total en base a una supuesta “paternidad espiritual” del abusador hacia su víctima.

‘La víctima de abuso en iglesias no busca venganza, sino restauración’

Lina Fernanda Montoya, durante su charla en Madrid el 22 de enero de 2026 / Foto: Protestante Digital.

 

La psicóloga colombiana mencionó el caso de miembros de iglesia que permanecen más de 15 años en situaciones de abuso, especialmente cuando la manipulación se experimenta desde la niñez o adolescencia, siendo la persona reconocida por otros como parte central en el funcionamiento del ministerio cristiano, incluso con un puesto de trabajo remunerado.

En las víctimas, se da una “tríada emocional coercitiva” que puede bloquearlas en el silencio, explicó la terapeuta. Por un lado, el miedo (al rechazo, a ser maldecida, etc.), en segundo lugar, la culpa (‘¿habrá sido mi problema?’) y, finalmente, la vergüenza (sentirse  dificiente como ser humano, habiendo perdido valor y dignidad por el abuso sufrido).

 

En Madrid, la psicóloga habló de cómo “la falta de compasión y misericordia” en muchas iglesias se basa en el intento mantener una “reputación de santidad”, una actitud contra-productiva.

También lamentó que en el sistema judicial, incluyendo los fiscales que deben perseguir delitos, hay aún mucha ignorancia sobre las especificidades de las iglesias evangélicas y cómo podrían darse estos abusos.

Es por ello, que a través de Metanoia, Lina Montoya trabaja desde 2022 atendiendo a víctimas y sus familias, además de ofrecer formación en universidades e iglesias. Su investigación académica tiene un enfoque psicoespiritual y psicosocial.

Estos esfuerzos han llevado también a la creación de la plataforma Redcafe (Red Colombiana contra el Abuso en Espacios de Fe), creada en 2025 junto a comunicadores y supervivientes de abuso, con un podcast, planes de hacer una encuesta nacional y ofrecer protocolos de prevención y actuación.

 

En cuanto a las secuelas en las víctimas, la experta habló de los “trauma psicorreligiosos”, que son “heridas producidas por las prácticas abusivas sistemáticas de estructuras y sistemas religioso-espirituales”.

En este tipo de traumas, “ la imagen que la víctima tiene de Dios, de sí misma y de los demás está distorsionada”. Por ello es importante “historizar el dolor” de la persona y hacer una “hermenéutica del trauma”. Los diagnósticos a veces mostrarán un daño psicológico en la percepción de la realidad, pero también a menudo efectos psicosomáticos.

El dolor de una víctima de abuso en contextos de iglesia viene también en parte por la pérdida una comunidad que le daba identidad. Para muchas personas, denunciar lo vivido significa salir de la comunidad espiritual en las que crecieron, vivieron, se casaron y sirvieron gran parte de su vida.

¿Cómo acompañar bien a estas personas? Los mínimos que Montoya planteó son: “Escuchar con compasión y empatía, reconocer críticamentre las prácticas espirituales que se dieron, identificar redes de apoyo más allá de una iglesia concreta, preparar a la víctima para el duro proceso de denuncia, justicia y restauración, para finalmente volver la mirada a Jesús”.

Desde su propia experiencia de acompañar a alrededor de 20 víctimas en estos últimos años, la psicóloga enfatizó que las personas que han sufrido abuso “no buscan venganza, sino restauración”.

 

Desde Colombia, viajó también a España para la semana de reuniones con Mesa Salmo 15, Ana Milena Rubiano Madrid, una superviviente que tras una larga lucha judicial ganó en los tribunales un caso contra un pastor evangélico.

Rubiano forma parte también de Redcafe y es impulsora de la ONG Metamorfosis, que acompaña a “personas, familias y comunidades víctimas de diferentes formas de violencia en el ámbito religioso”, con talleres de prevención y materiales pedagógicos y expresiones artísticas para ayudar a víctimas a pasar “del silencio a la vida”.





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