Hoy las campanas de la Catedral de Asunción y el eco de la historia en la Casa de la Independencia nos recuerdan un hito fundamental: 215 años de vida independiente del Paraguay. Aquella revolución de mayo de 1811 no fue solo un cambio de administración colonial; fue el nacimiento de una identidad forjada en el coraje y, fundamentalmente, en un anhelo profundo de libertad.
Los próceres de mayo —Caballero, Iturbe, Molas y la valentía de Juana María de Lara— no buscaban simplemente romper cadenas con el reino de España. Su visión estaba impregnada de la Ilustración y de un sentido de autodeterminación y libertad para toda la organización de un nuevo país independiente.
Aunque en los primeros años de la República la unidad nacional fue la prioridad absoluta, el concepto de libertad que sembraron fue evolucionando. Pasamos de una independencia política a la búsqueda de una libertad individual y de pensamiento que, con el tiempo, abriría las puertas a una de las manifestaciones más profundas del ser humano: la libertad religiosa.
Durante gran parte del siglo XIX, el Paraguay mantuvo una estructura donde el Estado y la Iglesia Católica estaban íntimamente ligados. Sin embargo, la libertad por la que lucharon los próceres contenía en su núcleo la semilla del pluralismo.
A medida que el país se reconstruía tras las grandes guerras, el horizonte espiritual comenzó a expandirse. La libertad religiosa no llegó como una concesión, sino como una conquista de la madurez democrática. Hoy, al celebrar 215 años, el Paraguay se reconoce como un Estado laico que garantiza a cada ciudadano el derecho de buscar la trascendencia según los dictados de su propia conciencia.
Fue a finales del siglo XIX y principios del XX cuando el Paraguay comenzó a recibir las primeras misiones protestantes. Anglicanos, metodistas y luego comunidades de menonitas y bautistas empezaron a echar raíces. Estas comunidades no solo trajeron una nueva forma de entender la fe, sino que fueron pioneras en áreas críticas:
- Educación: Fundando instituciones que elevaron el estándar académico.
- Salud: Estableciendo hospitales en zonas donde el Estado aún no llegaba.
- Ética del trabajo: Promoviendo una cosmovisión de responsabilidad individual y servicio comunitario.
El surgimiento de las iglesias evangélicas representó un cambio de paradigma: la fe ya no era solo una herencia cultural, sino una decisión personal y una relación directa con lo divino.
Para intentar no olvidar a ninguna denominación, mencionar que también abrieron obra en Paraguay:
- Discípulos de Cristo, Hermanos Libres, Luteranos, Anglicanos, Presbiterianos, metodistas, Ejército de Salvación, del Río de la Plata, del Nazareno, Iglesia de Dios, etc.
- Pentecostales: Asambleas de Dios, Filadelfia, Cuadrangular, Centro Familiar de Adoración, etc.
- Diversas iglesias Bíblicas.
- Diversas Iglesias Apostólicas como Más que Vencedores y otras.
- Movimientos proféticos y de santidad;
En total son más de 500 organizaciones registradas.
Sin tener un censo exacto, hoy en día se habla de un 10% de protestantes y evangélicos en Paraguay, tal vez unas 700.000 personas o más.
Hoy, las llamadas «iglesias libres» —aquellas separadas del presupuesto y la tutela estatal— enfrentan un escenario complejo. El Paraguay atraviesa una crisis de confianza institucional debido a la corrupción política sistémica. Este flagelo no es solo económico; es un cáncer moral que afecta el tejido social.
Las iglesias libres se encuentran ante un dilema ético constante:
- La tentación del poder: El riesgo de ser instrumentalizadas por sectores políticos que buscan el «voto religioso» a cambio de favores.
- La voz profética: El desafío de denunciar la injusticia sin convertirse en actores partidarios.
- La coherencia interna: Mantener la integridad administrativa y espiritual en un entorno donde el «atajo» y la coima parecen ser la norma.
La separación Iglesia-Estado es vital en este contexto. Permite que la comunidad de fe mantenga su autoridad moral para ser un contrapeso ético, una brújula que señale hacia la honestidad cuando el entorno político parece haber perdido el rumbo.
A pesar de las sombras, Paraguay vive un momento de oportunidades sin precedentes. Con una de las poblaciones más jóvenes de la región, una economía que demuestra resiliencia y una riqueza natural envidiable, el país está en el umbral de un salto cualitativo.
En este escenario, las iglesias y la sociedad civil tienen roles clave en todas las esferas:
- Esfera cultural: Recuperar los valores de la verdad y el respeto por el prójimo.
- Esfera económica: Promover el emprendedurismo basado en la ética y la excelencia.
- Esfera social: Fortalecer la familia y la contención de los sectores más vulnerables.
Al conmemorar 215 años de independencia, debemos entender que la libertad que soñaron los próceres es una tarea inacabada. No basta con no tener un rey en el extranjero, ni tampoco uno que gobierne dentro de nuestras fronteras; la verdadera libertad es aquella que nos permite vivir sin el yugo de la corrupción y con la plenitud de nuestra fe.
El Paraguay del futuro se construye hoy, en la intersección de una memoria histórica valiente y un compromiso innegociable con la integridad. Que estos 215 años sean el impulso para una nación donde la libertad religiosa sea el motor de una transformación moral que erradique la corrupción y abrace, finalmente, su gran destino.
¡Viva el Paraguay independiente!


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