Nigeria atraviesa una de las peores oleadas de violencia contra comunidades cristianas en su historia reciente, pero lejos de disminuir, la fe continúa expandiéndose a un ritmo que sorprende incluso a los organismos internacionales. El país, con una población de más de 230 millones de personas, tiene aproximadamente un 45 % de cristianos, concentrados principalmente en el sur y en la región central conocida como “Middle Belt”.

Solo en el primer semestre de 2026 más de 2.550 cristianos fueron asesinados y cerca de 2.800 secuestrados, según la organización nigeriana International Society for Civil Liberties and Rule of Law.

El informe detalla además la destrucción o abandono de unas 300 iglesias, con ataques concentrados en los estados de Benue, Plateau, Kaduna, Taraba, Adamawa y Nasarawa.

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Pese a este escenario, Nigeria se ha consolidado como el país con la mayor población cristiana de África y la cuarta del mundo, superando los 109 millones de fieles en la última década. 

A pesar del desplazamiento masivo de familias, las comunidades afectadas muestran los niveles de compromiso religioso más altos del planeta, reorganizándose para orar en campos de refugiados y zonas seguras. 

Datos del Pew Research Center revelan que la población cristiana en Nigeria creció un 25% en la última década, y se proyecta que alcanzará 211 millones de creyentes para 2050.

La violencia en Nigeria parece ejercer un efecto similar a la persecución que dispersó a los primeros cristianos, impulsando la expansión del evangelio: la fe no solo resiste, sino que se multiplica.

 

Un análisis del Observatory for Religious Freedom in Africa (ORFA) señala que las milicias fulani concentran el mayor número de ejecuciones de civiles, seguidas por los grupos terroristas Boko Haram y Estado Islámico de África Occidental (ISWAP), además de bandas criminales dedicadas al secuestro extorsivo. 

Los ataques se caracterizan por una crueldad extrema: incursiones armadas durante cultos dominicales, vigilias, bodas, funerales o celebraciones como Navidad y Semana Santa. Los agresores emplean rifles de asalto, machetes y explosivos, llegando incluso a incendiar templos con los fieles atrapados en su interior, una táctica recurrente de Boko Haram.

 

La impunidad de los terroristas ha escalado a foros globales. En una sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la representante de Christian Council International, Jolanda Schothorst, denunció que la violencia se intensifica sin una respuesta proporcional de la comunidad internacional. Exigió al Gobierno de Nigeria implementar medidas efectivas para proteger a las poblaciones vulnerables y condenar la discriminación religiosa.

Organizaciones como Open Doors, International Christian Concern y Global Christian Relief coinciden en que los ataques responden a un patrón claro de persecución religiosa, dirigido específicamente contra iglesias, aldeas cristianas, líderes religiosos y celebraciones litúrgicas.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITALMUNDO
– La violencia contra los cristianos en Nigeria no frena la fe, sino que la multiplica



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