En un reciente reportaje publicado en Árbol Invertido, el periodista cubano Yoe Suárez expone cómo el Gobierno cubano, el Partido Comunista y distintas instituciones estatales obstaculizan iniciativas humanitarias impulsadas por iglesias evangélicas en Las Tunas, en medio de una grave crisis sanitaria, alimentaria y social.
En conjunto, el reportaje documenta al régimen cubano como un sistema que no garantiza adecuadamente salud ni alimentación, pero que tampoco permite que iglesias evangélicas y otros actores de la sociedad civil desarrollen libremente labores humanitarias.
La tesis central es que el Estado intenta conservar el control político y el monopolio de la solidaridad, incluso cuando esa intervención perjudica a enfermos, embarazadas, ancianos y personas pobres.
En Puerto Padre, la Liga Evangélica de Cuba, junto con pastores de iglesias de Cristo, Amigos Cuáqueros, Pinos Nuevos, Metodista, Asambleas de Dios, Bautista, del Nazareno y la Iglesia Católica, organizó una Jornada de salud comunitaria. La iniciativa reunió a médicos voluntarios, habilitó una casa pastoral como espacio de atención y creó una farmacia con medicamentos donados por cristianos y otras personas para beneficiar a vecinos necesitados.
Aunque el Ministerio de Salud Pública inspeccionó los locales y dio su visto bueno, una comitiva integrada por funcionarios del PCC, el MINSAP, el MINJUS, la policía y el ejército intervino cuando la jornada ya había comenzado. Los pastores fueron retenidos durante varias horas, la actividad fue detenida y las autoridades exigieron un permiso que podía tardar hasta 60 días. El caso refleja el control estatal sobre el trabajo sanitario fuera del ámbito oficial y el uso de trámites administrativos para frenar acciones solidarias independientes.
El reportaje sitúa estos hechos dentro de la terrible crisis sanitaria cubana: escasez de medicamentos, deterioro del sistema de salud, inflación y salida de profesionales. En ese contexto, las iglesias evangélicas y otras comunidades cristianas aparecen como canales de ayuda práctica para la población, pero sus iniciativas quedan sometidas a la vigilancia, la burocracia y la represión del sistema cubano.

La segunda parte del reportaje aborda la labor del Ministerio Viento Recio, en Las Tunas. Esta congregación ofreció desayunos gratuitos a mujeres embarazadas con déficit nutricional y, posteriormente, preparó y distribuyó alimentos para ancianos en situación vulnerable que dependían de hogares estatales con carencias materiales y alimentarias.
También en estos casos las autoridades intervinieron, exigieron permisos y ordenaron detener la ayuda.

Pese a la prohibición, numerosos ancianos comenzaron a acudir directamente a la iglesia Viento Recio para recibir comida. El reportaje subraya que la ayuda incluía alimentos preparados por voluntarios de la congregación y que el número de beneficiarios fue creciendo, mientras el hogar de ancianos cercano llegó a cerrar varios días por no tener nada que ofrecer de comida.




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